¿Cómo empezaste a crear?
Nací en una familia de artistas: mi padre estudió arte y luego, con mi madre, se dedicó a la performance.
Mi primer cuadro fue un ramo de narcisos, un óleo sobre lienzo. Tenía 13 años. Desde entonces, nunca he imaginado hacer otra cosa que no sea pintar.
¿Cuál es tu medio favorito y por qué?
Actualmente, trabajo con técnicas mixtas: acrílico, rotuladores, gouache, lápices... Combino medios, experimento, con o sin éxito. Es mi forma de avanzar: busco un color, un gesto; a veces lo encuentro, a veces no, y vuelvo a empezar.
¿Dónde encuentras tu inspiración?
En mi opinión, es difícil explicar qué es lo que inspira.
Probablemente un cúmulo de recuerdos, emociones, lecturas, antiguas huellas mezcladas con los asombros del día.
Lo que surge constantemente en mi obra es la relación con las plantas, pero también con el mundo del espectáculo: las cortinas del escenario, las luces, el brotar.
¿Cuál es tu proceso creativo? Desde la idea hasta la realización, cuéntanoslo.
Trabajo constantemente en nuevos diseños; el trabajo está siempre en progreso. Algunas ideas se mantienen, otras se abandonan.
Copio y pego mucho: mezclo motivos de época con piezas antiguas. Reescribo mis dibujos como una especie de palimpsesto.
¿Cuál es la relación con la intimidad en tu arte?
Cada obra, incluso las contemporáneas, me parece íntima, porque habla de tus investigaciones, de tus dudas, de tus éxitos y de tus fracasos.
En este sentido, una obra tan construida y reelaborada como la mía habla de un camino que sólo me pertenece.
¿Hay otros artistas que te inspiran?
Creo que el poder y la resonancia de las obras de todas las épocas me han transportado e inspirado.
Matisse siempre ha sido mi luz guía y admiro la frágil poesía narrativa de Cy Twombly.
¿Tienes algún proyecto actual que debamos seguir?
Actualmente estoy en un período de retorno a la abstracción pura.
¿Adónde me llevará esto? No lo sé.
Esa es la belleza del arte.
